Un sueño indoamericano

Entre coplas y cardones

In Uncategorized on 12 abril, 2013 at 20:55
Coplera de Amaicha del Valle

Coplera de Amaicha del Valle

Una parada obligatoria en el viaje fue Amaicha del Valle en la provincia de Tucumán al norte de Argentina, el árido clima mezclado con el calor de su gente no propuso un mes de tranquilidad en sus tierras. Sitio de etnias originarias, como los Amaichas y otras cercanas como los Quilmes.

Encontramos un sitio tranquilo en un camping semidesértico fuera de temporada turística. Allí nos instalamos. No teníamos luz, solo la del sol que abrazaba al mediodía y un fresco agradable se posaba sobre el valle hacia la noche.

Este lugar se conoce por su calidad musical, la Copla es el sonido que retumba detrás de los montes áridos y el viento seco que se esparce sobre el territorio. Es un estilo musical que heredaron de los antepasados, interpretándose a través de una caja compuesta de dos parches de cuero de cabra que a medida que se recita y se interpreta la copla este acompaña con golpes acentuando las estrofas.

Felisa Arias de Valderrama

Felisa Arias de Valderrama

Entre las copleras del valle encontramos a Felisa Arias de Balderrama, que vive en Encalilla a poco de Amaicha. Sus noventa y tres años la mantienen firme en su ser y su lucha. En sus historias se encuentra haciéndole frente a un camión de militares que defienden a los intereses capitalistas, gritándoles “bajen si son tan valientes, yo no me voy a mover, mátenme si tienen agallas!”. Nos provocó estar con ella en su casa. Cuida de un hijo adoptado que la ayuda con los animales, consigue combustible para encender la bomba y así poder regar la huerta que posee, nada la detiene en el intempestuoso vibrar de la vida. Nos repitió esos días “Vivir no es vivir, sino saber vivir”.

Sitio arqueológico los Quilmes

Sitio arqueológico los Quilmes

Nos invitó a las Ruina de los Quilmes. Mientras nosotros caminamos entre muchos años de historias ella descanso debajo de la sombra de un pequeño Algarrobo. A nuestra vuelta la encontramos sentada haciendo reír a unos turistas de Buenos Aires, siendo estos listos al hablar deseaban hacerle pisar el palito a Felisa, pero como el diablo más sabe por viejo que por diablo… Al acercarnos escuchamos que alguien le preguntaba en tono de broma -¿y usted, no toma alcohol?-.

-me afloja las piernas.- contestó ella.

-¿se le doblan?

-no ¡se me abren!- dejando a este atónito y a los demás doblados de la risa.

En su hogar

En su hogar

Conseguir estar con alguien de su talla para nosotros en este viaje es majestuoso, su casa de paredes y piso de barro fue hogar por unos días del anidar de estas golondrinas. Felisa nos produjo una especia de fuerza interna para conquistar los sueños viendo que con humor y decisión se puede ganar cualquier batalla.

Aldo Fernández & Julia Santander

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Tsachilas

In Uncategorized on 4 abril, 2013 at 21:25
Vivienda Tsachila

Vivienda Tsachila

Llegamos a Santo Domingo y por lo mismo que huimos de la mayoría de las ciudades huimos de esta también, ruido, humo, comercio, impersonalidad, cemento, ansiedad. –kilómetro siete, lleguen al kilómetro siete- nos dijo un hombre. Allí es donde se sitúa la entrada a los pueblos de la etnia Tsachila. Llegamos a la primer Comuna, Chigüilpe, allí contactamos con un hombre que se presentó con su nombre en español impuesto el cual no recordamos, por elección propia no por problemas de memoria.

Tsitso

Tsitso

-¿y su nombre en su propio idioma?- le pregunté.

-Tsitso, que hace mención a un instrumento musical que se construye del hueso de un ave.- respondió.

 

La comuna está ubicada cerca de la ciudad. En el aire entre la frondosa selva tropical se escuchan sonidos de una cantidad exquisita de pájaros, el viento y el sonido de la calimba suenan entre las construcciones de caña y paja. Allí entonan las canciones y procuran mostrar su arte en la danza y el espíritu. En general las personas que se acercan a visitarlos vienen por curaciones y para aprender de lo originario.

 

Comuna Chigüilpe

Comuna Chigüilpe

Nosotros pasamos varios días con ellos. La lluvia y la humedad de este tiempo nos acompañaron siempre, aprendimos de plantas curativas y Tsitso nos invitó a una toma de yaghe (ayahuasca). Practicamos las curaciones y nosotros compartimos nuestra artesanía con ellos a modo de trueque. La música fue la conexión entre nosotros y una caminata por la selva fue oportuna. Entre ramas, raíces, hojas, arbustos bajos y debajo de la sombra de este gran bosque húmedo aprendimos a escuchar un poco más el idioma de la Madre Tierra. En un pequeño sendero nos cruzamos con dos culebras, una equis que tiene en todo su largo esta letra dibujada y una coral roja, negra y blanca, ambas pequeñas. Lo impresionante fue que una era el alimento de la otra milímetro a milímetro.

 

tatuajes temporales que se dejaban divisar al dia siguiente

tatuajes temporales que se dejaban divisar al dia siguiente

Atuendo tipico Tsachila

Atuendo tipico Tsachila

Todas las comunidades originarias comparten un mismo sistema de comunicación, el silencio y la pausada conversación. Tsitso nos expresó al día siguiente de la toma que el yaghe le comunicó la función de abrir la comunidad al mundo exterior, al nuestro el occidental. Como muchas esta era una comunidad celosa de lo suyo, tantos años de imperialismo y colonización los cultivó cautos. La corona española llego indirectamente a ellos no lograron entrar en su territorio pero el modernismo calo en su cultura de una manera devastadora, cuando el aborigen salió a conocer la nueva cultura trajo consigo la música foránea y los gustos perdiendo así lo propio. Hoy día los más grandes enseñan a los mas jóvenes a hablar en los dos idiomas –Entonces, no es mejor mantenerse al margen – pregunté. – Se debe continuar y la manera es mostrando lo nuestro y aceptando lo suyo. Es necesario que todos sepan quienes somos y cual es nuestra lucha, si no nos unimos no sobrevivimos, ni ustedes ni nosotros porque es tan necesario nuestra experiencia de la tierra como lo es la experiencia vuestra con la tecnología.

Tsa-chila significa Verdadera Gente.

 

Aldo Fernández, El Vuelo de la Golondrina.

Los Uros

In Uncategorized on 14 marzo, 2013 at 23:16
el vuelo de la golondrina

Isla de los Uros

Después de recorrer varios kilómetros por pura cordillera arribamos a la ciudad de Puno, situada en el extremo occidental del lago más alto del mundo, el imponente Titicaca, compartiéndolo con Bolivia. Al divisar la ciudad un policía nos da señal de alto preguntándonos porque ejercíamos  el servicio de transporte, ya que llevábamos a un hombre que recogimos y lo estábamos alcanzando hacia su casa. Mientras discutíamos con el policía el hombre se bajó de la camioneta y nos quiso pagar empeorando aún más la situación, lo cual rechazamos porque nunca había sido nuestra intención. Luego de una ardua y animosa conversación entendió el policía que no le daríamos dinero por nada en el mundo. Se sabe que en Perú si uno le entrega dinero a uno se comunican por radio y en el próximo cruce otra camada de policías de transito vuelven a cometer el mismo error, pedir dinero, sobre todo si los involucrados son turistas. -¡No vuelvan a  levantar a nadie en la ruta! – Nos decía el policía, -Nunca más.- respondí mientras pensaba totalmente lo contrario.

el vuelo de la golondrina

Lago Titicaca

Los Uros son una comunidad aborigen que vive en la costa peruana, dentro del lago en islas flotantes de un consistente junco llamado Totora. Comimos un menú en el centro de la ciudad a buen precio buscando a alguien que supiese como llegar a las islas. Nos guiaron hasta una pequeña población a la orilla del lago en donde se encuentra el Centro de Investigación de las Islas de los Uros. Salimos al día siguiente en una pequeña lancha comandada por una aborigen de la comunidad.

La existencia de los Uros

el vuelo de la golondrina

Camino a las Islas

– Nuestra vida aquí es normal – comentaba ella – Es lo mismo que en tierra firme. Compramos nuestros alimentos que no podemos cultivar en la totora, arroz, aceite, maíz. Tenemos truchas, nos ayuda a conseguir dinero como complemento ofreciéndolas a los que nos visitan.

Al bajar de la lancha pudimos sentir el suelo de juncos que se mueve y se desliza dentro del lago. Por fuera del agua tienen promedio diez centímetros y por debajo diez metros, renovándola cuatro veces por año en la superficie. La Totora que se encuentre por debajo del nivel del agua comienza a descomponerse perdiéndose al tiempo, pero es un peregrinar lento. En promedio tienen un diámetro de diez a quince metros. Allí sobre piedras consiguen hacer fuego para cocinar. Actividad muy riesgosa por la totora pero poco probable ya que se mantiene húmedo la mayor parte del tiempo.

En la superficie Los aborígenes demuestran sus habilidades artesanales, el resto del tiempo conviven en comunidad y cada familia tiene su isla. Cuando una pareja se une en concubinato las familias construyen una nueva para el futuro matrimonio. Llegado el caso de separación la isla es dividida en partes iguales y cada uno procura construir una nueva casa en la mitad que le quedo.

Hay unas 200 islas flotando, con sus respectivas anclas de lo contrario terminarían a la deriva al otro lado del lago debido a las corrientes.

el vuelo de la golondrina

Artesania autoctona

Nos llevamos un recuerdo artesanal y muchas imágenes en nuestra mente. Ellos saben que mientras más tienen más probabilidad existe de hundirse, mensaje que entendimos cuando las cuestas empinadas ralentizaban la Camio. Por eso lo necesario es lo que predomina en sus angostas casas de totora encima de las islas. En ocasiones recorren las islas rumores de algún niño ahogado o de algún adulto que debe mudarse a tierra firme por problemas en los huesos, aquí la humedad es considerable.

Otra forma de existir dentro de nuestro universo.

el vuelo de la golondrina

El Vuelo de la Golondrina

Aldo Fernández & Julia Santander, El Vuelo de la Golondrina.